Una sonrisa

Una sonrisa es una línea curva que lo endereza todo. Una sonrisa cambia una visión, una interpretación y una perspectiva. Una sonrisa es necesaria, mucho. Pero sonreímos poco.

Recuerdo hace algunos años cuando Candela, ahora con casi 13, me preguntaba desde su voz infantil. “Mami, ¿por qué los adultos se ríen tan poco?” Y yo no supe contestar. Porque tenía razón. Comenzamos a sonreír a las seis semanas de vida, reímos con ganas a los cuatro meses pero poco a poco perdemos esa capacidad para ver el lado cómico a las cosas.

Alguien me dijo hace cuatro años que tenía que sonreír más. Y que me iría mejor. Que la risa es terapéutica y que es contagiosa. Que hace que la gente quiera estar a tu lado y contigo y andar tu camino. Que las personas sienten atracción por la alegría, por el entusiasmo y por una buena curvatura de la boca hacia arriba.

Y lo puse en marcha: se llama atracción y funciona. Si quieres risas, ríete y enseña al mundo cómo te ríes. Es casi mágico.

Así que…¡venga! A sonreír. La sonrisa no supone que siempre estés de buen humor… sino que afrontas la vida en línea curva. Ja, ja, ja…

 

 

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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