¿Qué es lo que hago?

Es la pregunta del millón, por eso voy a dedicar un rato a contestarla. El buzón de mi #reinventharse se llena a diario con el mismo interrogante: “Pero Sandra, ¿tú qué es lo que haces?”

Es normal. Porque el mío es un oficio nuevo en un país acostumbrado a trabajar para otros o a emprender con sacrificio económico y la resignación de no ganar dinero hasta el quinto año. Y ese es el error de base.

me encargo de construir una red de clientes y de socios

Yo emprendí hace casi cuatro años con un modelo económico del que no entendía nada. Se llama network marketing (marketing multinivel) y en Europa está muy mal visto por entenderlo como una práctica ilegal. Primera confusión: en España la Ley de Ordenación del comercio minorista 7/1996, en sus artículos 22 y 23, definen la legalidad de este modelo. Y de las empresas que, integradas en la Asociación Nacional de Venta Directa (www.avd.es), lo llevan a cabo en nuestro país. Legislaciones parecidas tienen todos los países de la UE y del mundo. La Asociación Nacional de Venta Directa Española es una organización sin ánimo de lucro integrada en SELDIA (The European Direct Selling Association).

Yo emprendí al mismo tiempo que me formaba y a los tres meses empecé a ganar dinero. Poquito, pero ingresos. Nunca me hice rica en medio año y jamás me pagaron un euro por reclutar a personas. Sólo ganaba un porcentaje de las ventas que se producían en mi tienda on line: sin venta de producto, no había ingreso. Legalidad absoluta: todas las franquicias del mundo que se han montado desde el siglo XX pagan un porcentaje de sus ventas al dueño de la marca. Conmigo pasó exactamente lo mismo. Sólo que sin tienda física.

No pagué un euro por mi franquicia on line. La empresa, líder en antienvejecimiento, promueve hábitos de vida saludables a través de productos innovadores y diferentes a todo lo que hay en el mercado. Llegó a Europa desde USA a principios de los años 2000 y buscó emprendedores que quisieran tener un pequeño espacio en su web para que empezáramos a conocer la marca. La multinacional tenía claro que nunca abriría tiendas físicas porque ese modelo está obsoleto y es ruinoso para el empresario. Y tampoco quería poner anuncios en la televisión porque la publicidad tradicional está agotada (bien lo saben mis colegas periodistas).

¿Y quiénes son los que mejor conocen un mercado local? Pues los emprendedores que vivimos en él, así que unos cuantos empezamos a recomendar el producto y conseguir que la gente se lave los dientes sin azúcar ni peróxidos o que se ponga un desodorante sin aluminio. ¿Algo extraño en todo esto?

Pues como no vi nada malo, decidí hacerlo y recomendar a la gente que #cambiarademarca. Mi tienda (ese micro e-commerce que me habilitaron para emprender sin riesgo) se llenó de clientes. Mi única inversión fue 80 euros en productos básicos para mi familia. Dejé de comprar en las parafarmacias de grandes almacenes. Normal. Porque si me hubiera montado una panadería comería el pan de mi tienda y no el del fantástico horno que consumo a diario.

Vale. Hasta ahí todo claro. Y todo legal. La gente compraba la marca gracias a mí, pagaban con su tarjeta de crédito (yo no adelanto el dinero ni tengo stock) y la multinacional lo enviaba al domicilio del cliente, Y todos contentos. Sobre todo yo, cuando a final de mes me hacían el cálculo del volumen de facturación que había tenido mi tienda y me pagaban mi porcentaje de comisiones. ¿Entendéis ahora por qué a los tres meses ya empezaba a ganar dinero? Fue el tiempo que necesité para tener una buena red de consumidores.

A mí me pagaban por dar a conocer la marca, pero también me estaban pagando por formarme en una nueva profesión que hoy es una tendencia brutal: la revolución digital nos ha puesto el mundo a golpe de click y debemos aprovecharlo.

Poco a poco, mientras cada mes iba percibiendo unos cientos de euros (en aquella época, 2013, llevaba en paralelo mi emprendimiento con mi trabajo como periodista) empecé a entender lo que es el marketing de redes. Y resulta que, aunque no es perfecto, es el mejor modelo de distribución que existe en pleno siglo XXI. Por eso ya se estudia en las universidades de todo el mundo. Mi tienda tiene cada vez mayor volumen de facturación y clientes y delegaciones en todo el mundo gracias a internet.

Porque el network marketing promueve además la búsqueda de socios para abrir delegaciones e incrementar cuotas de mercado. Como hacen todas las empresas del mundo. Era enero de 2014 y decidí poner mis redes sociales a trabajar para educar al mundo en esta nueva oportunidad que a mí me había llegado. El 1 de enero de 2015 causé baja voluntaria en mi empleo.

Verás; cuando emprendes en medicina o en música o en cualquier otra disciplina, primero tienes que formarte y luego emprender con los conocimientos adquiridos. Nos han educado en que emprender es un sacrificio grande, muy costoso y que tienes que esperar una media de cinco años para obtener un rendimiento económico. Oiga, perfecto, pero… ¿y en esos cinco años de qué vivo? Pues de un crédito que pides al banco y si fracasas, te quedas sin empleo, sin proyecto y empeñado hasta las cejas. ¿Conoces alguna historia de emprendimiento que haya terminado así?

construir una red de clientes y socios

Yo eso no lo quería porque no me lo podía permitir. Por eso opté por el network marketing. Porque he podido construir una red de distribución internacional con unidades de negocio que manejo desde mi teléfono móvil; porque educo a la sociedad en nuevos modelos económicos y enseño con mi ejemplo que sí se puede; porque he consolidado un sueldo muy digno y tengo libertad de horarios para conciliar mi papel de empresaria con mi papel preferido, que es el de madre; porque soy libre y no doy explicaciones a nadie y porque sigo aprendiendo cada día y me rodeo de la gente que quiero en mi trabajo.

Nada más. Sólo decirte que no, que no me han estafado. Que estéis tranquilos. Y que si quieres emprender te informes. Porque como a mí, puede sorprenderte. Yo me he convertido en una millennial a los 45 años. ¡Y olé!

FOTOS: ONE TEAM GLOBAL

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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