Y perdí la vergüenza

Perder la vergüenza no significa hacer el loco. Ni que se te vaya la cabeza o que no pienses las cosas… No, no, no… Casi te diría yo que es al contrario. Perder la vergüenza es pensar muchísimo lo que vas a hacer y analizar riesgos. Y sobre todo, conocerte muy bien para que el resultado de la acción que vas a tomar no te desequilibre. Eso es perder la vergüenza.

Y como llevo una semana de vergüenza (jajaja) he pensado que quizá quieras saber lo que me pasó cuando dije: “Aquí estoy yo”.  Y a eso se suma que me he inspirado en alguien a quien aún no conozco pero que conoceré muy pronto. Se llama Lucía Rico y sé que el día que nos juntemos se liará parda. ¿Verdad, Lucía?

cuando te animas a perder la vergüenza avanzas más rápido

Ella me inspiró a hablar de vergüenzas. Y de desvergüenzas. Hace unos días escribía en su perfil de Facebook algo que me hizo reir y que me recordó tanto a mí que tengo que contarlo.

En 2017 recibió el premio Extremadura 2017 al Joven Empresario… y se quedó sin palabras. “Ya no lo digo, pero no hace demasiado cuando decía que era tímida me miraban con extrañeza. Sólo unos pocos, de círculo muy cercano, sabían cómo era. Para el resto podía pasar por algo diferente (una ‘pereza de tía’) Se me va pasando, que ya es hora. Ahora miro a las personas a los ojos y saco más de paseo mi encantadora personalidad. Porque una es friki, pero una friki muy maja.)

A Lucía se le olvidó decir que además de una friki muy maja es súper divertida. Y ese tipo de gente es la que a mí me inspira.

A lo que vamos, que aquella frase era como si la hubiese dicho yo, pero sin el premio y hace cinco años. Yo también era una ‘pereza de tía’, rara avis... por mi timidez y mis vergüenzas.

Soy tímida

Sí. Mucho. “¿En serio, Sandra? No me lo creo” Pues mira, sí. Lo soy. Lo que pasa es que como Lucía, ya no lo digo. Y he decidido sacar mis otros encantos de paseo. Porque ser tímida y reservada me costó muchas limitaciones allá en mi otra vida. Así que un día aprendí a conocerme. Hice una lista de las cosas que más vergüenza me daban… y descubrí que tenía que perderla. Porque no tenía vergüenza, tenía miedo a hacer cosas.

Nos da miedo la acción

Uno dice “soy tímído” y se queda tan ancho. No, perdona. No eres tímido, eres inseguro y no estás preparado para el resultado de eso que te da vergüenza hacer. Y ojo, no quiere decir que sea negativo. El resultado puede ser el más positivo de tu vida, como lo era el premio de Lucía. Pero no estamos preparados ni para lo bueno ni para lo malo. Así que, toca trabajarse un poquito. Y conocerse.

No te conoces

Y como no te conoces, tampoco conoces tu capacidad de resistencia. Y claro, no te vas a hacer daño a ti mismo. Ay… pues nada… sigue así toda tu vida.

Cuando a mí me dijeron eso de “sigue así toda tu vida” pensé: “Madre mía, pero si sólo tengo cuarenta años y lo que me queda es muuucho”.  Y entonces decidí conocerme. Fue durísimo porque debes ser muy honesto contigo mismo. En ese proceso descubrí que no era tan malo someterme a momentos de vergüenza. Era mucho peor quedarme como estaba.

Reír y llorar

Durante años pensé que era cosa de ser piscis… porque a mí los estados emocionales me consumen. Soy de esas que digo: “No, no estoy llorando” mientras se me caen las lágrimas y los mocos a la vez. Pero luego me di cuenta que no, que no tiene que ver con la Astrología y que todos estamos hechos del mismo barro. Cuando aprendes a reírte de ti y a llorar incluso con desconocidos es cuando empiezas a perder la vergüenza.

Desapego al resultado

Si quieres algo, búscalo. Pero antes prepárate mentalmente para tener un desapego al resultado. Nada es tan bueno ni nada es tan malo. Si es bueno, lo disfrutas con serenidad. Si es malo, ‘hasta luego Mari Carmen’. Pero atrévete a hacer el ridículo. Lo peor es la primera vez… luego ya coges práctica y sale solo.

La clave es conocerse e identificar con tiempo la emoción que te va a provocar el resultado de tu acción. Más vale prevenir que curar, jeje.

Y perder la vergüenza

Llevo cinco años con el dichoso proceso de perder la vergúenza en marcha. Ya te lo conté una vez. Y aunque lo tengo muy avanzado… aún no lo he conseguido del todo.

Sigo teniendo vértigo a las multitudes, a estar rodeada de mucha gente. Pero he aprendido a gestionarlo porque no me quedó más remedio que hacerlo. Cuando tengo que hablar en público y no me salen las palabras (que me pasa y más a menudo de lo que quisiera) lo que hago es contarlo. “Lo siento, pero estoy nerviosísima, no sé qué tal me va a salir esto. Si veis que me lío o que os aburro, me avisáis”. Oye, y me quedo más tranquila.

Lo que aún se me resiste un poco es bailar. Fíjate tú qué cosa más tonta, con lo que me gusta la música. Pero ando en ello. Y cualquier día de estos me dan un premio… como a Lucía. Y se me pasan los sofocos.

 

Las fotos, de Pixabay y Flickr.

 

Me apasiona la comunicación y el marketing. Y dediqué los 21 primeros años de mi vida profesional al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional.

En 2013 emprendí un proyecto de marketing digital y franquicias on line para conciliar con mi vida de madre.

Desde entonces ayudo y enseño a otros emprendedor@s que quieran hacer lo mismo que yo y me involucro al máximo en su éxito. Porque la clave en este siglo XXI es la suma de experiencias y el trabajo en equipo.

4 thoughts on “Y perdí la vergüenza

  1. Lucía Reply

    No sé si darte las gracias o decirte como me siento al ser fuente de inspiración. Muchas gracias, Sandra. Si algo bueno tenemos los tímidos es que tenemos mucho mundo interior ¿por qué no compartirlo? Cuando lo compartimos ocurren cosas mágicas. Como esta 🙂

    Perder la vergüenza o ganar seguridad. O asumir que eres como eres aunque no encajes en el molde…todo es lo mismo.

    Mucha fuerza, mi valiente guerrillera. Nos vemos en Septiembre!!

    Un besazo

    • Sandra Romero Post authorReply

      El mundo interior de los tímidos es lo más apasionante que existe.

      No me des las gracias. Me vale con la energía de tu mensaje. Beso de pelo fucsia para pelo rojo 😘

  2. Carmen Reply

    ¡Pero mira que eres linda!
    Me encanta lo que le dices al público “Lo siento, pero estoy nerviosísima, no sé qué tal me va a salir esto. Si veis que me lío o que os aburro, me avisáis”. Genial!😉 buena salida para romper el miedo y la vergüenza.
    Sandra sabes comprender muy bien tus emociones y aceptarlas por eso la gestión de ellas se te hace más fácil.
    Respecto al baile seguro que te saldrá genial! 😉
    Un besazo guapa!😘😘

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