Mery

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Mery era mi vecina y nos separaban tres casas, pero yo no lo sabía. Porque vivimos en un lugar donde cada uno vive su día a día y no hay portales ni ascensores, y eso ha restado mucha vecindad a la vida moderna.

Mery tenía un sueño muy grande, mucho: convertirse en la mamá de Valentina, y como tanto lo soñó y tantas veces se visualizaba como mami, al final Valentina llegó hace cosa de siete meses. Es verdad que tardó un poco más de lo esperado, pero ya sabemos que las grandes cosas se hacen esperar.

Un día de hace dos inviernos, una amiga en común me llamó: “Sandra, una compañera mía nutricionista, que es tu vecina, se pasará por tu casa a dejarme unas cosas. Guárdamelas por favor”. Y ese día de invierno vino Mery a mi casa y pese a que era mi vecina y nos separaban sólo tres puertas, yo nunca antes la había visto

Algo debió pasar en ese encuentro, porque no fue el último. Ella supo a través de aquella persona en común que yo me dedicaba a buscar estrellas para construir una cadena de franquicias virtuales en todo el mundo. Y ella, que siempre se ha preocupado mucho por la salud y el bienestar de las personas, que montó su clínica de nutrición y enseñaba a la gente a cuidarse, me preguntó: “¿Tú crees que yo soy una estrella? Porque me apasiona lo que haces y me encantaría ampliar mi proyecto de nutrición a otros campos de la salud”.

Y yo… feliz. Porque ella había confiado en mí para avanzar en su proyecto de vida saludable.

La mamá de Valentina lo hizo. En septiembre de este año construyó su franquicia y ahora ha dado ya una oportunidad laboral a cinco personas y esas cinco a otras cinco… Ahora es prescriptora de salud y prescriptora de empleo, de otra manera de trabajar y de vivir… que es lo que realmente nos da bienestar.

Mery ya no es mi vecina. Ahora es mi socia y mi amiga. Y Valentina le impulsa en todo ésto. Porque juntas han descubierto que hay mucho que hacer, que no hay ya horizontes y que podemos estar en cualquier sitio, en cualquier lugar. Aunque en eso, jejeje, ha tenido mucho que ver el papá de Valentina, que también es mi vecino y también sueña muy grande. 

¿Nos vemos en Canadá, pareja?

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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