Los cuarenta

La vida laboral reempieza a los 40 y es posible hacerlo: emprender sin pedir un crédito.Cumplir cuarenta es haber vivido, según las estadísticas, la mitad de tu vida. Y cumplir cuarenta, al menos para mí, fue como abrir una ventana y darme cuenta que hacía tiempo que no me llegaba aire fresco.

Había hecho todo lo que se presuponía que tenía que hacer: contrato laboral incluso antes de acabar la carrera, promocionar a una empresa mejor y trabajar en prensa nacional, me había comprado una casa, dos coches, tenía dos hijas y me había casado (cierto que en esta parte había invertido el orden, pero me salió bien) y… todo estaba bajo control. Y absolutamente correcto. Pero nadie nos dijo que el mundo se iba a desestabilizar, a poner boca abajo… y para eso no estábamos preparados.

Cierto es que me asusté. Yo sólo sabía escribir, comunicar y trabajar para otros. Había dejado mi buen empleo cuando nació Carlota, mi segunda hija, pensando que eso de la crisis pasaría volando, pero cuando quise recolocarme en 2010 tuve que optar por un sueldo muy inferior al que tenía y por un empleo que no me motivaba. Nada. Pero era lo que había. Y gracias.

Cumplí cuarenta en 2012, ganaba la mitad de lo que ganaba cuando tenía treinta, tenía dos hijas, la hipoteca y el doble de facturas. Y creía yo que de ahí no saldría jamás. Porque mi generación no fue preparada para las crisis, fuimos preparados sólo para el éxito.

Así que cuando soplé las velas en 2012 no pedí un deseo, sólo me hice preguntas: “¿Vas a vivir así el resto de tu vida? ¿De verdad que no sabes hacer nada más? ¿Es esto lo que soñabas? Venga, Sandra… piensa cosas, ¡seguro que algo más habrá!”

Yo doy una oportunidad laboral, como en su día me la dieron a mi, en el comercio digital

Yo nunca me he quedado sin empleo, así que no sabía cómo buscar trabajo. Nunca pasé entrevistas ni mandé curriculums… no lo había necesitado. Me quedaba sólo una opción por explorar, la de trabajar para mí. Así me convertí en la buscadora de estrellas: para dar la misma oportunidad que yo tuve a otr@s que cumplen cuarenta o cincuenta pero también veinte y treinta y que se dan cuenta que el mundo gira y que nos empeñamos en ir contracorriente con lo fácil que resulta dejarse llevar.

– “¿Qué haces, Sandra? Explícame en dos palabras”. Esa es la pregunta del millón que a diario inunda el buzón de este Reinventharse.

Y siempre respondo lo mismo: “Doy una oportunidad.

– “¿Cuál?” , me insisten.

– “Tener una tienda on line a coste cero, y si te va bien, la posibilidad de que tu tienda se convierta en franquicia, consigas más beneficios económicos y puedas abrir delegaciones en cualquier lugar a través del comercio digital”.

– “Parece interesante, pero seguro que en algún lugar está la letra pequeña o la trampa…”  Es el miedo el que habla y es de lo más normal.

– “No hay trampas, pero sí que hay letra pequeña: tú mismo.”

Siempre, siempre, siempre hay segundas oportunidades, o primeras o terceras. La letra pequeña es si estás o no dispuesto a vivirlas,   

 

 

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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