#EsPosible

La conocí en persona en el mes de septiembre de 2015. Pero en febrero yo ya había hablado con ella. También me la trajeron las redes sociales. Y me había gustado tanto que le conté mi proyecto porque sabía que podía hacerlo muy bien.

Pero Meli me dijo que no. Que no participaba, que no quería líos. Que estaba ocupadísima con su negocio, que no tenía tiempo, que ella ya era emprendedora y que… vamos, que no.

Cuando ese mismo año nos vimos en Alicante, en aquel septiembre, yo me acerqué a ella y ella se acercó a mí. “¿Sabes quién soy?”, me preguntó. “Claro, claro que lo sé. Dame un abrazo”.

Y así quedó la cosa y pasaron más meses. Hasta que en octubre de 2016 volvimos a hablar. Ella había tenido a su segundo hijo y su vida había cambiado un poco: “Quería pedirte un favor: que me vuelvas a hablar de tu proyecto. Llevo tiempo pensando en dejar mi trabajo, soy muy curiosa e investigo cosas para salir adelante”. Ese mensaje me llegó por messenger el 10 de octubre, unos días después de su cumpleaños. Con el tiempo, Meli me confesó que la primera vez que hablamos tuvo miedo, desconfianza y pocas ganas de aventuras. Pero que algo le llevó a seguirme, a no perder la pista “porque Sandra, aunque no me atreví sabía que tenías razón en lo que me estabas diciendo”.

Lo que yo le dije a Meli fue lo mismo que llevo diciendo a todo el mundo hace ya cuatro años: que todo ha cambiado, que hay otras maneras de emprender y que hay que hacerlo en digital, que más del 40 por ciento de los empleos tradicionales desaparecen y que los que no se hayan preparado, sufrirán. Pero también le conté que trabajaba con mis hijas en casa, que conciliaba perfectamente y que daba oportunidades a otras mujeres y hombres como me la dieron a mí. Y ella, muy decidida, me dijo: “Enséñame y ayúdame, que yo quiero ayudar a otros muchos”.

Meli empezó en noviembre. Emprendió a coste cero con su bebé de seis meses en el brazo. Llenó su tienda on line de clientes y buscó socios y empezó a hablar al mundo de que #EsPosible emprender en horario escolar. Siete meses después ha consolidado su franquicia y enseña a otros a hacer lo mismo que ella.

Hay veces que me llama, sofocada, triste…“No entiendo cómo la gente no quiere hacerlo. No me creen, desconfían…” Y yo le digo: “Es el miedo, Meli. Es el miedo a  lo desconocido. Tú también lo tenías. Lo mejor que puedes hacer es continuar adelante y demostrar que #EsPosible”.

Y Meli me hizo caso. Hoy tiene más fuerza que nunca. Y ganas de encontrar a más gente con miedo que diga no… para que ese no se convierta en sí.

#adelante Meli. Siempre adelante.

 

 

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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