El cuchareo

Mi madre dice de mí que soy de cuchareo. Y eso quiere decir que muero por un plato de lentejas o por un potaje de garbanzos. Que no hay nada que me haga más feliz que un tupper que me alivie la comida cualquier lunes.

Viví varias temporadas en Londres. Y se me caían las lágrimas de pena cuando abría una lata de baked beans en un jugo naranja que me decían era salsa de tomate. Pero como soy de cuchareo y estaba tan cansada de los sandwiches, no me quedaba otra que abrir aquellas latas. Entre que no había sol y que no había cuchareo, decidí que aquel país no era para mí.

A mí me gustaban los platos de cuchara y estar con mi madre cuando venían a venderle los tuppers a casa porque me fascinaba el poder de conservación de aquellos artilugios de plástico y la conversación de las mujeres que los traían. Años más tarde corroboré que para mí eran el invento del siglo XX porque me encanta, y me sigue encantando, tener la nevera llena de tuppers. Lástima que mi madre viva tan lejos… supongo que para mis hermanos siguen siendo también los tuppers el invento del siglo XXI: ellos la tienen a mano. A mi madre… y a los tuppers.

Cuando me compré mi primera casa (otra vez haciendo lo que se suponía que debía, no te vayas de alquiler mujer, que eso es tirar el dinero…) mis padres me regalaron algo increíble: una thermomix.

Habían pasado los años y había evolucionado mucho aquello de la olla expres para los amantes de la cuchara. Y como mi madre me conoce, decidió que debía tener un artilugio como ese en casa. Y fue fantástico, porque programaba el condumio y tenía cuchareo aunque mi madre estuviera lejos. Otra vez, el gran avance en mi vida llegaba a mí con las amigas de mi madre que lo vendieron en casa.

No soy nadie sin platos de cuchara, ni tuppers ni thermomix. No sé cocinar, pero esa máquina lo hace sola. Y encima ahora que leo tanto sobre eso de que somos lo que comemos, que hay que desterrar la carne y tirarle más a las legumbres, he hecho un homenaje a mi thermomix apartando todas las ollas de mi cocina. Más sitio y más operativo.

En eso también soy diferente. Los cacharros que han transformado mi vida no se compran en el Corte Inglés.

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

2 thoughts on “El cuchareo

  1. Adela Reply

    Y la herencia a tus retoños de la costumbre de comer bien tampoco se compra en ningún centro comercial. Esa estoy segura que la viven y aprenden en casa día a día.

    • Sandra Romero Post authorReply

      Gracias Adela, es cierto. La revolución de thermomix me dio el cuchareo y los potitos de mis hijas, los purés sin hilos y las lentejas con todo triturado para que no vean ni el rojo ni el verde… Je je je… Me encanta esa máquina, soy fan.

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