Conciliar…

Hace unos días apagué la televisión con rabia al escuchar a la ministra Fátima Báñez hablar de la conciliación con una propuesta estrella: acabar la jornada laboral a las seis de la tarde.

En 2004 fui madre por vez primera y entendí de golpe lo que NO significaba conciliar. Había leído mucho sobre ello, pero desde el confort de un empleo que me apasionaba. Llegué a la redacción de un periódico tres años antes de haber terminado mi carrera y era yo incapaz de comprender lo que NO significaba conciliar.

Yo creía que conciliar iba asociado a ser mujer, buena profesional y madre. Yo creía que sólo se hablaba de conciliación entre el género femenino. Yo creía que de alguna manera encontraría la fórmula cuando me decidiera a tener un bebé… y yo creía que mi seguridad laboral no había nadie que me la pudiera quitar. Porque me había costado mucho llegar a donde estaba. Yo… NO sabía nada.

En 2004 la palabreja me golpeó fuerte en la cabeza. Candela nació en octubre. Tuve mis tres meses y medio de maternidad (gracias irónicas, universo… por permitirme ese lujo). Junté mi mes de vacaciones porque seguí trabajando hasta casi el día del parto (ahí empecé a entender lo que NO significaba conciliar). En marzo cogí una excedencia, en mayo otra… y en julio de 2005 me incorporé con jornada reducida, ganando la mitad de mi sueldo (gracias infinitas, socio de vida, por hacerlo posible). Desde el primer día de vuelta a la redacción del periódico tuvimos claro que en este país la conciliación NO existe. Pero seguimos avanzando.

Abril de 2007. El predictor nos confirma lo sospechado: que íbamos a ser padres de nuevo y que tarde o temprano iba a renunciar a mi empleo. Y así fue. Incluso antes de que naciera nuestro segundo bebé dejé mi trabajo porque en esos meses de embarazo y cuidados a mi hija mayor, que entonces tenía dos años, fuimos entendiendo lo que NO significa conciliar.

Y como lo entendimos, yo renuncié al trabajo y el padre, a pasar tiempo con ellas. Ël me regaló su tiempo ya que el Estado no me regalaba la conciliación. Y fuimos apañándonos entre nosotros… hasta que los recursos comenzaron a agotarse. Dos hijas y una hipoteca, amén de facturas varias, con un sueldo paterno que no estaba mal pero que entre 2008 y 2011 se redujo en más de un 20 por ciento. Aquello no daba para mucho más.

Hoy miro hacia atrás con una sonrisa. Sé que fui una privilegiada porque pude hacerlo: emprendí en horario escolar porque entendí lo que NO era conciliar y amueblé mi cerebro para conseguir lo que soñaba.

El mayor orgullo que tengo es lo que vivo ahora: la oportunidad real a muchas madres que están igual que estaba yo. Enseñarles que se puede, que cuesta, que es duro, pero que hay un camino… Y al final, una luz. 

Mire usted, señora ministra, desconozco si tiene o no tiene hijos. Hace tiempo que la vida de los políticos dejó de interesarme. Pero tengo que decirle algo: conciliar NO significa acabar la jornada laboral a las seis de la tarde porque los colegios terminan a las cinco y muchos ya a las dos (para adecuarnos a Europa); conciliar NO significa abordar grandes medidas con las multinacionales y las grandes empresas y olvidarse de las pymes y de los autónomos; conciliar NO significa aumentar en unas semanas la baja por maternidad y paternidad porque los hijos nos necesitan más cuando son niños que cuando son bebés; conciliar NO significa pregonar el fin del día a las seis de la tarde en un país en el que el comercio cierra a las diez de la noche. Esa conciliación NO existe cuando España aún trabaja a turnos y jornada partida.

Así que, señora ministra, como ya he entendido lo que NO significaba conciliar, me he fabricado la conciliación a medida. Y créame, tengo ya mejores resultados que los que ofrece su gobierno.

Agradecimiento especial al Club de Malas Madres y a la asociación #yonorenuncio 

 

 

 

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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