Ana, sólo Ana

La conocí este verano. Y resulta que es la persona que más orgullosa me hace sentir por dedicarnos a vender. “Sandra, que vender no es malo, que todo el mundo lo hace. Que esto es un negocio de ventas. Como todo en la vida, si te paras a pensar. ¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Vender? Pues se vende…”

Ay Ana… cuánta razón tienes. Tan mal visto vender por todos y resulta que al final y siempre, siempre, cada uno de nosotros vendemos algo.

Por eso me gusta Ana. Por su simpleza. “Tanto vendes, tanto ganas. Este negocio va de eso, ¿no?”. Y lo entendió enseguida. Y se puso en marcha. Sin prejuicios. Sin miedos. Sin vergúenzas

reinventarse vendiendo

Cuando nos conocimos, el 18 de julio del año pasado, ella ya sabía un poco de mi. Había leído algo y quería saber más. Y venía como invitada a una presentación en la que yo, como siempre, vendía mi marca. “Yo te conozco de internet, he leído tu blog. Quiero saber lo que haces”.

Ana venía de la aventura. La crisis se la llevó a China. Siempre trabajó en ventas. Y allí, en China, entendió que los chinos comían mucho arroz pero no sabían comer paella. Y montó un restaurante español para enseñarles nuestros sabores. Y los chinos se pirraban por ella y por el restaurante. Cuando todo ya estaba en marcha, regresó a España. Iba a nacer Iker y sería madre bien pasados los cuarenta. A esa edad, una ya sabe muy bien lo que no quiere.

Así que en agosto Ana se convirtió en estrella. Se reinventhó a los cuarenta conmigo y empezamos a montar su franquicia. Y como es una guerrera, vende y vende y vende… y vende y vende y vende… Y está orgullosa de lo que hace y lo hace muy bien.

Ana , reinventarse vendiendo

Ella está en pleno reinventharse. Construyendo un negocio y criando a un bebé de año y medio. Ha emprendido en algo diferente a todo lo que hizo antes. Y no le va mal. A fin de cuentas, Ana Cloquell tampoco sabía vender paella y logró vendérsela a los chinos. ¡Olé mi socia!

 

 

Apasionada de la comunicación y el marketing, dediqué los 21 primeros años de mi vida al periódico El Mundo y la comunicación empresarial e institucional. Hace tres años saqué mis habilidades sociales del mismo cajón donde guardé mi curriculum. Tengo una franquicia on line de una multinacional (no jefes ni empleados, no local ni stock) y desarrollo el talento de otros emprendedores que quieran hacer lo mismo que yo, involucrándome cien por cien en el éxito de mis socios.

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